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Fernando De León

Marlon Martínez

Por Fernando A. De León.- La diferencia entre uno y otro hogar monoparental, sobre todo donde el padre biológico ha estado ausente, es la madre y el entorno que contribuye a la buena formación de sus hijos.

Es la única explicación inmediata en la que discernimos, y encontramos las causas para que, un estudiante aprovechado como Marlon Martínez haya cometido un homicidio contra su novia embarazada de 16 años, Emely Peguero.

Aunque ahora, esos paradigmas de progenitoras escasean, es obvio que Marlon no tuvo una madre que le enseñara que a la mujer hay que respetarla. Es evidente que la prepotente y arrogante Marlin Martínez, su madre, lo indujo a incurrir en una acción que por la soberbia propia de su otrora posición en los estamentos oficiales, es un reflejo de las inconductas de algunos funcionarios.

Estamos seguros de que, contrario a nosotros, Marlon nunca tuvo un día en el que sólo se “alimentó” con un trozo de pan y un jarro de agua de azúcar negra. Pero tampoco fue minimizado por el padre de una joven que, aun no siendo millonario, lo despreciara por provenir de una familia pobre.

De seguro, cualquier travesura de Marlon era celebrada. Porque su madre estando en el poder, y ostentar su bonanza como otros, nunca entendió que si como se dice: “el amor de madre no tiene límites”, el haber sido funcionaria no la eximía de la responsabilidad de hacer de su vástago un hombre de bien.

Ahora, Marlon, un muchacho que quizá nunca mató un pollo ni pisó una cucaracha, se le ha truncado su futuro. Y todo por una madre que, como cualquier otro funcionario se creía todopoderosa. Si la víctima no hubiese sido una menor, y el pueblo de Cenoví, de San Francisco, no hubiera respondido como lo hizo; este sonado caso habría pasado sin pena y sin gloria.

Tal vez su madre, que ahora también guarda prisión por haber incurrido en colusión con un crimen atroz, como funcionaria, ha cometido otras barbaridades. Esta saga nos da una lección, y nos dice que más que las destrezas políticas, conocer el hontanar de quienes nos gobiernan, es un factor importante a la hora de elegirlos.

La soberbia, el engreimiento, los prejuicios, y el afán del poder convirtieron a Marlon Martínez, quien fue un estudiante brillante, en un asesino de la peor estirpe.

El autor es periodista, miembro del CDP en Nueva York, donde reside.

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